viernes, diciembre 15

Monseñor Tomás Antonio Sanmiguel – I obispo (1922-1937).

Nació en valencia el 7 de marzo de 1887. Recibió la ordenación presbiteral el 14 de julio de 1912. Luego de una amplia experiencia pastoral, fue designado como primer obispo de la recién creada Diócesis de San Cristóbal y fue consagrado obispo el 23 de octubre de 1923. Tomo posesión de la misma el 25 de noviembre del mismo año. Se distinguió por su ejemplo de vida y su celo apostólico. Se integro rápidamente a la comunidad tachirense y comenzó a darle una nueva cara a la Diócesis recién creada de la cual fue primer obispo.

Además de fundar diversas parroquias, se dedico a la visita pastoral en todas sus comunidades; no tuvo reparo en llegar a las lejanas tierras del alto Apure, sorteando todo tipo de dificultades. Desde el principio de su ministerio se dedico a forjar las bases del futuro de la nueva diócesis. Se distinguió por su celo apostólico, su preocupación por el pueblo de Dios y un espíritu decidido hacer bien las cosas de Dios. Le toco vivir su ministerio pastoral durante la tiranía de Juan Vicente Gómez. Se incorporo pastoralmente a la sociedad tachirense y supo defender los derechos de la iglesia respectando la autonomía de la misma frente al Estado. Se acerco a todos y mostro una gran preocupación por los pobres y, en particular, por los enfermos y abandonados.

Su primera preocupación fue la formación de los futuros sacerdotes que le ayudaron en su ministerio pastoral. Para ello, dedico todas sus plegarias, esfuerzo y tiempo. Fundó el seminario menor Santo Tomas de Aquino el 2 de febrero de 1925, el cual comenzó a funcionar en la casa episcopal y lo coloco bajo la sabia dirección de los padres Eudistas. El seminario dio sus frutos desde el primer momento de su fundación durante su pontificado se ordenaron 24 sacerdotes. Además dio un impulso inicial a la pastoral vocacional por medio de encuentros y de la promoción vocacional que hasta el mismo realizaba en las visitas a las parroquias de la Diócesis.

Entre sus primeras obras aún perduran en la actualidad el diario católico, que funda el 14 de mayo de 1924. Con este órgano periodístico, el primero en la región tachirense, pretendía difundir las enseñanzas de la iglesia en medio de su pueblo. Para poder imprimir el Diario Católico y el Boletín Diocesano que también fundara, adquirió la Imprenta Diocesana. El Diario Católico es una de las grandes herencias dejadas por el primer Obispo de San Cristóbal.

Anhelando que la Diócesis pudiera tener sus directrices, de acuerdo a lo previsto en el código de Derecho Canónico, convoca el Primer Sínodo, una de las obras cumbres, con el se establecieron los “Estatutos Sinodales de la Diócesis de San Cristóbal”, el 18 de junio de 1936, Mons. Tomás Antonio Sanmiguel promulgaba con evidente alegría y acción de gracias a Dios dichos Estatutos. Este evento y su fruto le dieron a la Diócesis un impulso que aún perdura: unifico criterios, animo la evangelización y le dio fuerza a la iglesia local de San Cristóbal.

A fin de poder atender debidamente las necesidades de las comunidades tachirenses promovió la llegada de varis congragaciones religiosas. Muchas de ellas se dedicaron a la educación: Los Padres Salesianos y el colegio San José de Táriba, Los Hermanos de la Sallé con su colegio, las Hermanas de María Auxiliadora con su colegio de niña; las Hermanas Dominicas de Santa Rosa de Lima, con el colegio del rosario de rubio. De igual manera confió a los Padres Dominicos la atención a la vasta zona del distrito Páez del Estado Apure. Con la colaboración de los padres Agustinos, pudo llenar las vacantes tanto en parroquias como en servicios diocesanos.

No tuvo reparo en enfrentar los difíciles caminos y hasta viajar por algunos ríos de la zona de los llanos occidentales de Apure y Táchira, así como la lejanía de muchas comunidades para salir al encuentro de su pueblo. Además de visitar al menos tres veces todas las parroquias y zonas de la Diócesis, promovió la acción Católica, la Juventud Católica y otros grupos de apostolados.

La obra del Primer Obispo se caracterizo por su preocupación y dedicación al pueblo de Dios, al presbiterio con su seminario, así como el impulso a los medios de apostolado y su ejemplo de vida que aun sigue siendo recordado. Su espíritu visionario y su decisión para marcar caminos le dio, en los inicios de la Diócesis, una fuerza que sigue produciendo frutos. Murió, en olor de santidad luego de una larga enfermedad, después de 14 años de ministerio episcopal, el 6 de julio de 1937. Más que sus numerosas obras, el mayor regalo que hizo a la iglesia fue su vida de padre, pastor y santo. Su causa de canonización ha sido promovida e introducida ante la Sede Apostólica. Sus restos reposan en la catedral de San Cristóbal.

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